jueves, 25 de enero de 2007

Un aumento correcto

Hugo Chávez. ¿Por qué le vemos tanto titubeo para aumentar el precio de la gasolina, cuando las razones para hacerlo son tan correctas? Por supuesto que vender la gasolina por debajo de su precio de realización no es una de esas políticas que a usted le gustaría tildar como funesto neoliberalismo, pero permítame informarle que el transferir, como de hecho se hace con los precios actuales, un 10% del PDB de los que no tienen nada de nada a los que simplemente usan gasolina, está aún mucho más lejos de ser una política socialista, de cualquier siglo y cualquier denominación.

Además, no hay nada tan importante para un país como aprender a valorizar y respetar los recursos que la Providencia le asignó, lo cual jamás se logra entregando esos recursos a unos precios despectivos. Así que, déjese de estatizar la Electricidad de Caracas, algo que no le conviene por cuanto sólo servirá para embarrarnos a todos en la decadencia de otro servicio público y, en su lugar, use la ley habilitante para realmente solucionar de una vez por todas el problema de los precios internos de los combustibles.

Todos entendemos que el hecho de que la oposición tuviese tantas fuerzas para lograr que 4.3 millones de ellos atravesasen los obstáculos y votasen en contra suya lo debe tener muy nervioso. Ahora bien, si usted está aumentando los precios de la gasolina, no para corregir lo que es una injusticia social, una aberración económica y un crimen ambiental, sino para hacerse de más recursos para los "suyos", ahí sí que no le auguro éxito alguno ya que el resentimiento del pueblo será muy grande y con ello sólo logrará aumentar el precio que a usted le cobran sus mercenarios para mantenerle su "apoyo".

En tal sentido le sugiero que promulgue una ley que obligue a su gobierno a aumentar los precios de la gasolina sobre un periodo de tiempo hasta que lleguen a su precio de realización internacional y que, una vez logrado ese nivel, se prohíba venderlo a un precio inferior. Mientras se introducen tales ajustes, se debe devolver a los consumidores hasta el último bolívar de los ingresos generados por encima del costo de producción de la gasolina vía la reducción del IVA y así nadie tendrá porque quejarse.

Y, por favor, no se confunda, esto no se trata de un apoyo, ¡no!... sólo que jamás he creído que la vía de librarnos de un mal gobierno como el suyo pase por el no buscar siempre hacerle el bien a la nación… y que además sigo pensando en qué hacer con el país mañana, sin usted.

jueves, 5 de octubre de 2006

El Ministerio de la Globalización

Una vez satisfechas las necesidades de seguridad, el ministerio que más necesitará un nuevo gobierno para vencer las dudas internas y externas, que existen sobre nuestra Venezuela, es el Ministerio de la Globalización. La tarea no será fácil, no sólo por el daño sufrido, sino además por cuanto la competencia global es feroz.

En Venezuela, como en todos los países, nuestra ciudadanía se divide entre quienes ven en la globalización su oportunidad para un mañana mejor y quienes sólo ven en ella amenazas. Por cuanto soy un convencido de que siempre es mejor atreverse a ir a la vanguardia entre los que buscan ganar, que en la retaguardia, con los recogiditos y vencidos, no hago sino pensar en cómo podemos recuperar los tantos años perdidos y tranquilizar a los atemorizados.

Para generar y distribuir rápidamente algunos beneficios de la globalización a los nuestros, habría que mostrarles el queso de la tostada, empleos. Para ello el Ministerio debería convertirse en el principal promotor – no constructor - de varios polos de desarrollo, que provistos de toda la infraestructura necesaria, busquen posicionar al país en la prestación de algunos de los servicios que actualmente se vislumbran con un altísimo potencial de crecimiento económico. Entre ellos:

20.000 cuartos en instalaciones hospitalarias de primera, laboratorios, transporte especializado, universidades, médicos, enfermeras bilingües certificadas, expertos en rehabilitación y todos los demás servicios necesarios para aspirar a convertir a Venezuela en un centro global de atención médica.

200.000 viviendas adecuadas, atención médica, instalaciones recreativas, sistemas de seguridad y transporte y todos los demás servicios necesarios para aspirar a convertir a Venezuela en un centro global de atención a las personas de la tercera edad.

Para volver a ganarnos el respeto y la confianza del mundo, buscaría fomentar algunas realidades que contienen una alto contenido simbólico: por ejemplo 10.000 celdas en prisiones de primera categoría, personal carcelario especializado, cursos de reinserción y todos los demás servicios necesarios para aspirar a convertir a nuestro país en un ejemplo global para el castigo y la rehabilitación de criminales.

Cuando pienso en todo lo que se podría haber logrado con los ingresos petroleros actuales, de haberlos utilizados sin complejos a favor del país, lloro. Cuando pienso en todo lo que seguimos teniendo a nuestro favor, me río.

jueves, 24 de agosto de 2006

De un accionista de PDVSA a otro

Jamás he trabajado ni en la vieja ni en la nueva PDVSA, pero justo por ser uno de esos accionistas minoritarios ignorados, que somos todos los venezolanos, creo saber más lo que nos conviene con respecto a nuestro petróleo que toda esa cuerda de políticos que sólo buscan distribuir las ganancias, a su conveniencia, o las gerencias, cuya prioridad son sus condiciones de trabajo. No perdono la revolucracia actual, que supongo deben estar haciendo tales horrores que ni se dejan ver, como tampoco enmudecí en bobalicona admiración ante la meritocracia anterior. Amigos accionistas, he aquí lo que pienso.

Sin una OPEP, jamás podríamos recibir por nuestro petróleo agotable y no renovable un precio superior al del costo marginal de extraerlo y transportarlo a nivel mundial, destino triste de todos los demás productores de materia primas, por lo que soy un fiel defensor del concepto OPEP. Quien le juegue quiquirigüiqui a la OPEP… ¡Fuera!

Estar en la OPEP, obliga a poder controlar la producción, por lo que la exploración, la producción y la refinación básica debe estar 100% en manos de empresas del Estado. Una empresa del Estado es generalmente menos eficiente que una privada, pero como a nosotros lo que nos interesa es el resultado final del negocio, tendremos que convivir con ello y ser vigilantes.

Todas las empresas, tanto estadales como privadas, pueden caer en la tentación de crecer por crecer y diluir en actividades no competitivas lo que ya debería formar parte de nuestro dividendo. En este sentido, hay que prohibirle a PDVSA cualquier actividad distinta a las más básicas. Por ejemplo la distribución de gasolina en Venezuela y en el exterior y las actividades sociales propias del gobierno… ¡Fuera!

Dividendos. Después de apartar los recursos para que PDVSA pueda acometer sus inversiones, sin necesidad de endeudarse, el remanente se debe entregar directamente a nosotros, los accionistas. Eso de seguir entregándoles el ingreso por la liquidación de nuestro petróleo a unos políticos para que luego tener que hacerles las mil y una reverencias… ¡Fuera!

Amigos, estamos hartos de oír a los políticos prometer una mejor distribución de la riqueza petrolera, como si acaso fuese de ellos, cuando lo que les toca es simplemente entregarnos nuestros cheques. Si necesitan ingresos, pues que cobren sus impuestos. Un país se construye haciendo al ciudadano responsable, no declarándolo irresponsable.

jueves, 18 de mayo de 2006

Piscina, lago, océano o bañera

En materia del comercio internacional, un país debe decidir en que aguas debe nadar. Décadas atrás, los venezolanos nos encontrábamos en una piscina, no muy grande pero aceptable mientras nuestros ingresos petroleros nos permitían cambiar con frecuencia el agua y pagar el cloro. No obstante, al bajar los ingresos, el agua en la piscina, por razones naturales sobre las cuales prefiero no extenderme, comenzó a calentarse desagradablemente, por lo que autorizamos a unos negociadores a salir a buscarnos un lago fresco.

Nos consiguieron uno muy bello, el Lago del Pacto Andino, pero en lugar de dejarnos durante un buen tiempo en él, aprendiendo a nadar en aguas naturales, nuestros gobernantes, por echárselas de modernos, fueron y nos lanzaron al océano. Tragamos agua, nos asustamos, solicitamos regresar al lago, o quizás hasta a nuestra vieja piscina, pero esta vez nuestros yo-no-se-qué, echándoselas de primitivos y originarios, decidieron meternos en una bañera.

Pues bien, ahí en la bañera no podemos quedarnos, ya se notan las rayas de mugre y tampoco es segura, por cuanto se te monta un bruto encima y capaz te ahoga. Ahora bien, lo peor de estar en la bañera es que ello conduce a Venezuela a un proceso involutivo, donde hay que asegurarse de que cada generación sea más bruta y más mente de pollo que la anterior, ya que ésa es la única manera como evitar que los jóvenes capaces y con iniciativa nos abandonen para buscar su océano.

Y no es que esto nos esté ocurriendo en una época donde una bañera de repente pudiera haberse visto hasta como un exótico jacuzzi. ¡No! Ocurre justamente cuando todo el resto del mundo anda corriendo para aprender a nadar en el océano, para no tener que acabar limpiando bañeras en otros países. No encontraremos en nuestra historia un período de tanto empequeñecimiento. ¡Ah!... pero nos dicen que buscamos crear una bella piscina con MERCOSUR… ¿Quién va a tragarse que ellos abandonarían el océano, sólo por bañarse con nosotros?

De seguir por la ruta de esta inconsulta ocurrencia vuelta imposición, sólo terminaremos bañándonos, hasta el alba, en unas aguas turbias, ensuciadas por quienes ni siquiera son familia. Yo sí estuve entre los que en su momento alertaba que estábamos apurando demasiado nuestro paso de piscina a océano, pero igual sigo convencido de que Venezuela, con inteligencia, debe y puede aspirar a competir con éxito surfeando las olas de la globalización.

miércoles, 14 de junio de 2000

La Electricidad de Caracas que yo quiero

Como la mujer en la canción de Serrat, la Electricidad de Caracas (EdC) que yo quiero, no debería necesitar deshojar cada noche una Margarita, en un me compran - no me compran. La EdC que yo quiero no parece fruta jugosa, más bien una competente y sub pagada conserje, nada vanidosa.

Como un consumidor de electricidad que vivo en Caracas amarrado a la EdC, mi objetivo es simplemente recibir un buen servicio al menor costo posible. Con un objetivo tan limitado es posible que algunas de mis reflexiones, sobre la reciente oferta publica hecha por las acciones de la EdC, puedan diferir en algo de las de un accionista.

Sólo para comenzar, cada vez que oí sobre el cacareado alto valor de la EdC, y a sabiendas de que con toda seguridad la mayoría de los ingresos de la empresa provienen del bolsillo de consumidores como yo, que tiemblan cuando se acerca la llegada de su recibo de luz, sentía en lo más profundo de mi ser el gusanito de la tentación que me empujaba a pedir una rebajita en las tarifas.

De mi distribuidora eléctrica local, lo que me interesa ver son unos buenos ingenieros con coloridos cascos, acompañados por contadores competentes con unas calculadoras sencillas, que sólo sirvan para sumar y restar. Observar la presencia de abogados, financistas, corredores, publicistas y demás profesionales poco relacionados con llevarme la luz a casa, francamente no me gusta.

De mi distribuidora eléctrica local, lo que me interesa que debata son asuntos relacionados con el sector eléctrico, por ejemplo los kWh que consume mi secadora. De allí que me ponga algo nervioso cuando presencio foros, como uno que hubo en el IESA, en donde la conversación sólo versaba sobre tópicos como “takeovers enemistosos”, "poison pills" y "golden parachutes".

De mi distribuidora eléctrica local, las únicas inversiones que yo espero son aquéllas absolutamente mínimas y necesarias para darme un mejor servicio a un menor costo, por lo cual, cuando oigo de la existencia actual de proyectos de agua en Colombia, o que el oferente mantiene fuerte presencia en Kazakhstan, esto me inquieta ante la certeza de que si le va mal, tendré que pagar más, y si le va bien, no participaré.

De mi distribuidora eléctrica local, yo quiero que busque inversionistas que sean compatibles con la naturaleza muy poco riesgosa del negocio de distribución eléctrico, por ejemplo viudas y huérfanos con limitadas aspiraciones de rendimiento, pero que dependan para su subsistencia de un dividendo seguro. Por lo tanto, cuando veo flujos y apetitos especulativos, tipo mercados emergentes, interesarse por EdC, siento que estoy en mala compañía.

De mi distribuidora eléctrica local, yo no deseo que me despierte cada mañana con costosos avisos en la prensa, radio y televisión, desplegados sobre asuntos que no tienen nada que ver con la luz, ya que sé que de una u otra forma los fondos para pagar esa publicidad provendrán de mi bolsillo y ésto me molesta.

De mi distribuidora eléctrica local, yo no quiero oír sobre las perspectivas de que sus acciones valgan una fortuna por cuanto, salvo algo muy desconocido para mí, tal posibilidad sólo puede sustentarse sobre unos tarifas demasiado altas.

De mi distribuidora eléctrica local, yo no deseo oír sobre la posibilidad de una importante reducción de costos, por cuanto tengo la ilusión de que esa empresa sea operativamente tan eficiente como para que tal posibilidad no exista.

De mi distribuidora eléctrica local, no me gusta oír que recompra sus propias acciones, disminuyendo así su patrimonio, cuando poco tiempo antes hemos sido informados acerca de la necesidad de incrementar las tarifas eléctricas para acometer las inversiones necesarias.

En fin, yo como consumidor, durante las últimas semanas, oí muy pocas cosas que me gustaron de mi distribuidora eléctrica local. En momentos especialmente difíciles, les confieso haber encontrado mucho consuelo en la nueva Ley del Servicio Eléctrico.

Cada vez que leo la nueva Ley, más me sorprendo de que hayamos logrado sobrevivir sin ésta. Como consumidor estoy absolutamente convencido de que, en un plazo bastante corto, el sector habrá sufrido una transformación muy grande en beneficio de todos aquellos que, como yo, desean ver en nuestros servicios públicos bases competitivas para desarrollar otras actividades económicas y no como parecería ser el caso hoy, el que los servicios públicos sean el negocio en sí.

Tengo amigos accionistas o ex-accionistas de la EdC y tengo amigos gerentes o ex-gerentes de la EdC. A todos ellos les aseguro que ni invalido ni le quito méritos a su gestión hasta la fecha. Es más, si el día de mañana deciden crear otra empresa para buscar nuevos horizontes de inversión y, por qué no, los mismos proyectos de diversificación, que actualmente contemplaban, tales como de agua en Colombia, de pronto me intereso. Hasta la fecha, lo único que me ha mantenido alejado de convertirme en accionista de la EdC (y la CANTV) ha sido un deseo de no exponerme al conflicto de interés presente cuando uno maximiza su propio dividendo, maximizando su propia factura de luz o teléfono.

Sé que muchos de mis amigos ven con cierta melancolía los recientes eventos y, sin duda, la operación EdC representa en si el fin de una era. No obstante, recordemos que las épocas cambian y ya tanto la nueva Ley como las nuevas realidades económicas hacen casi imposible, el que distribuidoras eléctricas centenarias puedan aspirar a ser milenarias. Sólo el hecho de que las concesiones para la distribución eléctrica tengan en la nueva Ley una validez limitada de 30 años más 20 adicionales de prórroga, para entonces tener que entregar y licitar todo el negocio de nuevo, señala un cambio fundamental.

El hacer del negocio de la distribución eléctrica local un negocio tan seguro y tan aburrido, que sólo atraiga los capitales de menor expectativas de retorno o a los propios vecinos, me parece un reto interesante para iniciar esta nueva etapa.